2025-08-12
Río Amazonas pierde conexión con Yahuarcaca y amenaza migración de peces
La conexión fluvial entre el Amazonas y Yahuarcaca es el eje que sostiene su dinámica natural. A través de este vínculo ingresan los peces que aprovechan el ciclo de crecidas para reproducirse y alimentarse, así como los sedimentos y nutrientes que fertilizan el bosque inundable. Cuando ese flujo se interrumpe se altera el equilibrio ecológico y se debilitan las actividades de pesca, turismo y subsistencia de las comunidades ribereñas.
Uno de los impactos más visibles es la disminución de los cardúmenes de mijanos, que tradicionalmente ingresan a los lagos desde el río para reproducirse y alimentarse, pero que al no encontrar canales naturales por donde ingresar siguen su ruta por el canal peruano, que hoy concentra la mayor parte del caudal.
La pérdida de conectividad del caudal no solo impide el paso de los peces, sino que además rompe la sincronía natural entre el agua, los bosques y la fauna. El biólogo Santiago Duque, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Amazonia, explica que en los bosques inundables crecen árboles “pepeadores”, adaptados para florecer durante las crecidas. Sus frutos caen al agua, alimentan a numerosas especies de peces, y estos a su vez dispersan las semillas por toda la cuenca. Sin el paso del agua, este sistema colapsa.
“Cuando desaparece el fenómeno de inundación, las pesquerías disminuyen porque muchos peces amazónicos dependen de esas pepas como alimento. Sin inundaciones estacionales, disminuye tanto la oferta de comida como la reproducción y la resiliencia del ecosistema”, agrega.
La afectación también golpea la seguridad alimentaria. En estas comunidades ribereñas una persona puede consumir entre 15 y 18 kilos de pescado al mes. Sin las inundaciones que fertilizan el bosque y alimentan a los peces disminuye la reproducción de las especies más consumidas y se reduce una fuente esencial de proteína.
El impacto se extiende al turismo
Las 7 comunidades indígenas asentadas en los alrededores de Yahuarcaca –como los cocamas, tikunas y yaguas– han construido un modelo de ecoturismo comunitario que depende directamente de la belleza natural de los lagos, su biodiversidad y el acceso fluvial. Frente a esta afectación, el turismo nacional e internacional se reduciría por no poder ingresar con facilidad al territorio debido a la disminución del caudal.
“Si el río pierde la conexión con los lagos, esos turistas ya no entrarían y se disminuiría también el recurso económico paralelo que hoy están logrando conseguir”, precisa el docente.
La pérdida de este ingreso adicional –que durante años se ha trabajado conjuntamente entre las comunidades y la UNAL– representa otro golpe a la sostenibilidad territorial, ya que el agua es la infraestructura básica que posibilita tanto el turismo como la vida cotidiana en la Amazonia colombiana.
Cuando el agua deja de fluir
El profesor Duque explica que “el fenómeno en el cual cambia la dinámica del flujo del río Amazonas –alejándose de Leticia– no obedece especialmente al cambio climático, es un proceso natural del río que ha sido acelerado por la falta de intervención”. La sedimentación progresiva, sumada a la mayor fuerza del canal peruano, ha desviado el flujo principal hacia ese país dejando a Colombia con brazos fluviales cada vez más estrechos y menos caudalosos.
Desde hace más de 20 años, investigadores de la UNAL han advertido sobre esta situación, proponiendo la instalación de espolones sumergidos y obras complementarias para redirigir parte del caudal hacia el lado colombiano. Las nuevas mediciones de 2025 indican que ese escenario se podría anticipar. Si no se actúa pronto, la desconexión fluvial será permanente, con consecuencias difíciles de revertir.
En ese sentido, la recomendación actual es combinar dragado y obras hidráulicas con un enfoque binacional. “Este no es un río solo de Colombia ni de Perú, es compartido, y toda intervención requiere diálogo y coordinación entre los dos países”, insiste.
El debilitamiento del caudal no afecta solo a los peces o el acceso al agua: es un fenómeno integral que transforma toda la dinámica ecológica de la región. La fauna terrestre –aves, reptiles y mamíferos– también depende del ritmo del río, ya sea para la alimentación, la reproducción o el desplazamiento. Con la pérdida de las inundaciones estacionales, los hábitats se fragmentan, los ciclos vitales se alteran y la cadena de interdependencia entre agua, suelo, flora y fauna comienza a romperse en silencio.
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